Si alguien la vuelve a ver, dígale que nunca dejé de escribirle, aunque mi alma se haya quedado sin tinta.

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martes, 5 de febrero de 2013

LAS ALMORRANAS.

Antaño, cuando eras niño,
esa calor te corroía.
Te pasaba si corrías
o si apretabas, era fijo.
Te raspaba todo el día
abrasándote en su alijo.

Alijo de venas gordas
que no dejan de inflamarse,
aunque no puedas sentarte
si no le pones pomada.
Gruesas estarán inertes,
obstruyéndote calladas.

Roja sangre mancharás
a un papel blanco impoluto
al limpiarte, “cacho bruto”,

si empujas al restregar.

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