Bendición
de Dios
como
otras miles de cosas
el
poder de distinguir
entre
el carbón y las rosas
Dos
cristales de mil espejos
que
te acercan lo de enfrente,
lo
de lejos, lo de al lado
y
lo dibujan en tu mente.
Fuentes
con las tristezas
y
con grandes alegrías;
lienzo
de un maquillaje
con
toldos por bulerías.
Miradas
sin más cerrojos
verdes,
violetas, negros,
azules
como el mar que añoro;
y
unas pestañas que apresan
los
canelas, que son mi antojo.
¡Qué
bonitos! ¡Cuánto dicen,
si
soslayan de reojo!
¡Cuánto
dicen cuando miran,
ese
lindo par de ojos!
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